Un ejercicio testimonial de odio y frentismo guerracivilista por parte de Gabriel Rufían, de Esquerra Republicana de Catalunya

Ya sorprendió en su día que los masones de ERC eligieran a un iletrado quinqui para liderar la formación en el Parlamento Español, en dónde ejerce de portavoz adjunto de su formación junto al ‘hombre jabalí’ por antonomasia, Joan Tardà. Sorprendió, pero encaja en el microcosmos endogámico de la secreta sociedad, que apuesta por poner huevos de sus gallinas en todas las cestas posibles, para dominar el cotarro y alcanzar sus objetivos mundialistas caiga quién caiga.

rufian-con-tarda-yjunquerasDe presencia achulada y ademanes poligoneros, el inútil analfabeto barriobajero Gabriel Rufían Romero, ha sido colocado en esta tarea para que la imagen de ERC irrite al resto del abanico parlamentario (a excepción de los anarquistas antisistema de las CUP y los comunistas de Podemos y el magma de filoetarras que orbitan Bildu) y provoque urticaria, desasosiego y mala leche a mansalva; algo muy en la línea de lo que la tribu del triángulo ha venido siendo dada durante toda su historia, sobre todo en cuanto ‘tocaba’ poder (años 30 del siglo pasado) y mando o control sobre cuerpos policiales, armas y demás utensilios coactivos para eliminar al adversario político e implantar así las consignas emanadas de las logias correspondientes.

Visto por enésima vez en directo durante su intervención en la tribuna de oradores durante la sesión de investidura presidencial de Mariano Rajoy, cualquier observador honrado y noble ha de sentirse profundamente agredido por la violencia verbal y la intención hostil que exudaba dicho individuo, inadmisible en un entorno parlamentario civilizado europeo

Desde la pendenciera bajada de la escalera hacia el atril, exhibiendo un repugnante movimiento de cabeza y de ojos; desde la prosodia camorrista empleada hasta el vocabulario inadmisible vomitado con toda alevosía, el sinvergüenza republicano ha dejado buena muestra de lo que se nos avecina si la escoria de la sociedad se aclimata políticamente en el Sistema y permanece en él estructuralmente [ver vídeo].

Para entender mejor el fenómeno, valga también leer este artículo de Gabriel Albiac, en ABC,  “El Rufián de ERC y luz de lumpen”.  Que dice:

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Si quieren hacerse una idea de lo que lumpen significa, no tienen más que pasarse en bucle el vídeo del diputado Rufián

Haber leído a Marx muy joven, haberlo hecho bajo la dirección del más grande de sus intérpretes en los años sesenta, ha sido un don que no acabaré de agradecer nunca. Me hace inmune a ciertas tentaciones, en cuya estupidez veo naufragar hoy a una generación iletrada.

De los bellos sentimientos de quienes no han pasado por la biblioteca, sólo puede aguardarse la caída en lo más sórdido. Lo que está ya de camino. Los pizpiretos penenes de Podemos lo llaman plebeyismo. Y lo anhelan.

El sábado por la tarde, yo escuchaba a un tal Rufián, diputado impensable en un Parlamento civilizado. Me vino, de inmediato, lo leído en Marx y Engels hace medio siglo. No me fue difícil dar con los pasajes. Hay hallazgos que quedan en la memoria para siempre.

Este de Engels en 1870, por ejemplo: «El lumpen-proletariado, esa escoria integrada por los elementos desmoralizados de todas las capas sociales… Ese deshecho absolutamente venal…

Todo líder obrero que utiliza a elementos del lumpenproletariado para su guardia personal y que se apoya en ellos demuestra con este solo hecho que es un traidor al movimiento».

Rufián es el deseo inconfeso de Iglesias. El de Esquerra fue la voz bronca de un lumpen, a cuyo analfabetismo suple la agresión bestial y sin remordimiento. Habrá a quienes les dé risa. Pero no, su ignaro plebeyismo no tiene ninguna gracia.

Detrás del lumpen, acecha siempre lo peor, lo más indescriptiblemente reaccionario: el retorno a las cavernas, en donde no hay racionalidad, sólo desprecio a la palabra y a la inteligencia; culto del garrotazo.

Marx, 1850: «El lumpen-proletariado es un centro de reclutamiento para rateros y delincuentes de todas clases, que viven de los despojos de la sociedad, gentes sin profesión, sin hogar ni creencia, que difieren según el grado de cultura de la nación a que pertenecen, pero que nunca renuncian de su carácter de lazzaroni».

Al cultivo de esa ultrarreaccionaria especie, llaman los jóvenes penenes de Podemos «plebeyismo». Con entusiasmo y léxico nacido para designar a las hordas de hampones, sobre las cuales Perón y su angélica dama contaban para linchar oponentes. De aquel culto al navajero, nació la Argentina contemporánea. Que culmina en Kirchner.

Pero, para ser un acabado lumpen plebeyo, no basta con desearlo. Ni Iglesias ni su corte de niños y niñas bien, con madriguera paterna en el barrio de Salamanca, saben del lumpen-proletariado más que las exaltadoras leyendas que fantasean en tibias tertulias de sobremesa.

Si quieren hacerse una idea de lo que lumpen significa, y si leer a Marx les resulta demasiado pesado, no tienen más que pasarse en bucle el vídeo del diputado Rufián. Porque ese sí sabe muy bien de qué habla. Y a qué mugrienta violencia conduce todo lo dicho.

Es la lógica del lumpen: «la hez, el deshecho, la escoria de todas las clases».

Y la única, escribe Marx, sobre la cual un despotismo total puede asentarse.

Ese despotismo habría de venir, un siglo después.