Más de la mitad de los europeos no quieren una unión burocrática, inútil e irrespetuosa con las libertades y los derechos autóctonos

 

A pesar de que todavía hay malvados o iletrados que tildan de ‘xenófobo’ y ‘fascista’ este primer aviso serio que ha dado el brexit a los estados corruptos y decadentes que abanderan la práctica de la plutocracia burócrata que se cuece sigilosamente en las instituciones de Bruselas, Luxemburgo, Estrasburgo, Frankfurt y demás centros de poder, a pesar de ello, está meridianamente claro que la ciudadanía de raíz e identidad europea dice basta al abuso y a la tiranía que sostienen las directivas y leyes emanadas de la administración comunitaria.

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Jean Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea

Da igual que se nos vendan como recomendaciones o se nos impongan. La maraña de reglamentos e exigencias teledirigidas que afectan a sectores, zonas y capacidades activas de producción nacionales (auténticas generadoras de riqueza y bienestar) no permite que los estados miembros actúen con libertad y creatividad, a la vez que son sometidos a la peor de las desmembraciones locales de su statu quo independiente, hasta el punto de que se imponen a distancia cuotas de admisión y acogida caritativa de mesnadas de cientos de miles de inmigrantes ilegales no comunitarios, en su mayoría musulmanes inadaptables, que no tienen nada que aportar y sí mucho a erosionar las capacidades internas de reparto del bienestar y de cohesión social, cultural y convivencial que nos es, o era, propia. Solo hace falta observar la autoría habitual de los delitos que se cometen actualmente en el continente para descifrar la gran paradoja: que quienes llegan casi mendigando y fuera de la ley se transforman en núcleos endogámicos enquistados que atacan de mil formas diferentes a las sociedades de acogida, cuales disolventes y enemigos agresivos de la población anfitriona.

En semejante tesitura, emerge el agravante del imperio de lo (pretendidamente) políticamente correcto y la gran manipulación mediática y la conculcación escolar de, ya, dos generaciones de analfabetos y autistas funcionales que no dejan de recibir mensajes a favor de la multiculturalidad, el mestizaje racial, la destrucción del núcleo familiar convencional, y un supuesto y mal entendido libre albedrío que no lleva a nada más que a fomentar el caos y la regresión hacia un estadio de evolución humana anterior, que por menos desarrollada ha generado un universo, toda una masa crítica de nuevos votantes (de 18 a 30 años), que han irrumpido con gran impacto en las urnas, y que son los que engordan, junto cos inmigrantes con derecho a voto,  los resultados de los partidos de izquierda y de extrema izquierda.

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Nigel Farage, del UKIP, artífice de la nueva consciencia de control inmigratorio

Así que la salida del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte del conglomerado formal del ente Unión Europea (europeos lo somos y lo son y lo seremos siempre) nos indica la señal de salida para otros referéndums (Países Bajos, Austria y Francia están en la cola inmediata) que consulten vinculantemente sobre esta materia, cuyo resultado es más que seguro que será idéntico al recientemente acaecido en las islas.

Es evidente y explosivo el hartazgo, la pena y la impotencia ante el desplome de la seguridad en todos sus aspectos que sufre la ciudadanía honrada europea [ver, en inglés: Brexit the Movie ].  Y no cuela insultar a más de la mitad de personas naturales ius sanguinis e ius soli tachándolos de fanáticos e insolidarios. No. Los fanáticos, insolidarios y sobre todo traidores son los que nos han llevado hasta esta situación casi irreversible. Son los que siguen las consignas mundialistas que han aprovechado una idea inicialmente sana y prometedora que facilitara el movimiento de personas, mercancías y dinero ENTRE estados de la Unión, los que han facilitado que todo haya mutado a un paradigma indeseable que no vela por las ciudadanía y sus intereses, sino que fomenta y maquilla las maniobras predadoras, codiciosas y usureras de los grandes intereses financieros fuera de control y en manos de unos mismos clanes y sagas familiares entrecruzados y enlazados sanguíneamente o por prácticas fraternales ocultas o de cariz religioso excluyente.

Sin embargo, dado que el domingo 26 de junio votamos lo mismo por segunda vez, vale la pena destacar que todos los partidos presentados a la cita eluden en sus programas cualquier ápice de duda o disconformidad con asuntos vinculados a la seguridad ciudadana y territorial, a los estragos actuales y previsibles fruto de la inmigración invasiva, a la no solventada crisis económica y a sus catástrofes familiares y personales (desempleo, misérrimas retribuciones y pensiones), a la corrupción y rapiña generalizada de la clase política y de los partidos, y al rol errático e interdependencia mal orientada de España con el resto de agentes en juego en el tablero europeo. Todo parece que va bien…Y no va.

‘Suerte’ tiene el stablishment español de que no haya surgido un partido nacional que vele por los intereses antes citados y por otros relacionados con la autodefensa de valores y fortalezas identitarias y patriotascuajadas durante siglos.

El día que en España surja una formación que asuma civilizadamente estos patrones y ofrezca a la población exhausta una nueva opción en la que se desprendan las caretas y se llame a las cosas por su nombre, ese día nos podremos sentir europeos integrales.  Mientras tanto no.