El nuevo alcalde musulmán de Londres es una anomalía social, política e identitaria

 

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Pocas bromas, así las gastan en el Reino Unido

En las elecciones celebradas el jueves 5 de mayo, de una terna de dos opciones principales en las que la propuesta conservadora la encabezaba Frank Zacharias Robin “Zac” Goldsmith, judío, anteriormente casado con Alice Miranda Rothschild (glupps), y la opción laborista (socialista) la lideraba Sadiq Khan, musulmán, salió elegido este último como alcalde de la ciudad de Londres, sin duda una de las tres metrópolis más importantes económicamente del planeta.

Dicha victoria cuantitativa, sin embargo, muestra una segunda lectura cualitativa muy preocupante que nos incumbe a todos los ciudadanos libres y honrados de los estados que configuran la Unión Europea.

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El nuevo alcalde muestra su preocupante y radical orientación ideológica

En concreto, con esta victoria se aposenta la evidencia de que el plan de substitución demográfica gestada y programada para vertebrar un nuevo orden mundial (NWO: PULSE AQUÍ PARA SABER MÁS está en funcionamiento y coloca a sus peones en todas ‘las cestas’ y mediante todo tipo de perfiles humanos de raza, religión, estrato social, formación, tendencia política y demás identidades útiles.   Por esta circunstancia, es necesario realizar una lectura objetiva y alejada de los corsés de lo políticamente correcto para asegurarse un diagnóstico certero y valioso del problema, ya que efectivamente estamos ante un gran problema consistente en que, en este caso londinense, Sadiq Khan que aunque nacido en Inglaterra es hijo de un inmigrante paquistaní arribado en los 60 a Londres, que conducía autobuses. Extraño ascensor social en una sola generación si no es que media algún trampolín fáctico secreto (masonería, a la que Khan pertenece) que apuesta por gente útil a la causa conspirativa relacionada con la disolución de las naciones europeas tal como las conocemos hoy. Porque… se trata de eso, de reventar las costuras de las sociedades que operan bajo sistemas democráticos y con elevados niveles de bienestar, seguridad y justicia.

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Junto a Gani -imám radical-, Kahn protestando contra Guantánamo

No olvidemos que los votos recibidos por el nuevo alcalde provienen de los laboristas y otra gente de izquierdas (igual que aquí) más los de la verdadera bomba de relojería que se encuentra en Londres, puesto que el 37,4% de la población musulmana de Inglaterra y Gales vive en la capital. Para entendernos, ¡un millón de personas, el 12,4% de los londinenses, son seguidores del Islam!, colectivo que ha aumentado en la última década en un 67%, en comparación con los cristianos que han caído un 13%. Si a todo ello se añade un paro desbocado –de más del 50% en el barrio de Woolwich– y la falta de integración, el caldo de cultivo para la radicalización es inminente.  En definitiva, entre quintacolumnistas autóctonos, recién llegados inadaptables y maniobras hostiles invasivas contra nuestras fronteras, estamos abocados a una eliminación de nuestra escala de valores y a un suicidio racial que alarmantemente es unidireccional y que conlleva que esas sociedades ajenas se han incrustado de tal manera entre nosotros que nadie ha reaccionado ante esta anomalía social, política e identitaria como es la de que Londres tenga un alcalde musulmán.

Seguramente nos han reeducado desde hace un cuarto de siglo para que no movamos un dedo para defender nuestros territorios y nuestra integridad. O así parece por lo que se ve.