Se repiten las elecciones merced a otro fracaso descomunal del podrido sistema que gobierna la Nación

 

Al no haberse puesto de acuerdo las fuerzas parlamentarias en alguna de las potenciales opciones y alianzas para consensuar un gobierno del Estado, al final, el Rey firma la disolución de la Cámara y da luz verde a una campaña electoral para que los españoles acudan a las urnas el veintiséis de junio.

pedro-sanchez (1)Con más o menos intensidad, lo que demuestran esa colección de lumbreras, iluminados y palanganeros sectarios que pagamos entre todos es que no están a la altura de su posición y no merecen el salario que tienen asignado, ya que además de haber conducido a España al desastre, ahora son incapaces de autoorganizarse para evitar la pérdida de tiempo y de dinero que conlleva el rifirrafe entre partidos por un quítame ahí una poltrona.

Así, para acertar en el diagnóstico, conviene analizar el primer eslabón de la metafísica que emana la grey de políticos y politicastros (los más abundantes) que se supone que velan por nuestros intereses. Digamos que:

  • Los políticos con cargo público no trabajan en lo que deberían. Muchos emplean su tiempo en jornada laboral en asuntos del partido, olvidando la razón de ser de su contrato laboral. Nota: sí, contrato laboral, puesto que desde el Sr. Rajoy a cualquier parlamentario o senador, desde alcaldes a ediles y demás asimilados, mientras cobran por su rol institucional son empleados del Estado.
  • A los políticos se les paga para trabajar en funciones que repercutan positivamente en la sociedad, los votantes. No para elevar el nivel de burocracia y marear perdices; y sobre todo no para viajar y comer de gorra.
  • A los políticos se les supone formación, talante, actitud y aptitud para gestionar los asuntos de interés público, para solucionar problemas y para no crear de nuevos.
  • A los políticos se les paga razonablemente bien, teniendo en cuenta que además de su salario gozan de prebendas e ingresos paralelos (dietas, tarifas reducidas, absentismo crónico, etc.) que aumentan su peculio y su patrimonio, en consecuencia han de sentirse bien remunerados y ser leales y honrados en sus funciones; si no es así, que trabajen en la empresa privada sujetos al albur de decisiones empresariales y precios de mercado salarial.

Puestas así las cosas, a la población atenta a la política de proximidad, sea a escala continental, estatal, autonómica, municipal… o de otras ‘al’, experimenta cada día el escarnio y el abuso de poder que perpetran cargos electos, de confianza o de ‘rebote’ en el abrevadero del presupuesto público, bien sea robando de él o manejando turbios asuntos a su amparo, siempre con la perspectiva de afanar cuanto más y lo más rápidamente posible, mejor.

Horas, jornadas, meses, años y más años perdidos sin cumplir con las responsabilidades inherentes a los cargos ostentados, que conlleva que toda esa multitud de paniaguados y, a menudo, delincuentes o conniventes con toda case de delitos se pasen su etapa institucional entregados a pensar y actuar en clave endogámica… para el partido, en suma, olvidando que están ahí para administrar y dirigir el gobierno y todas las extensiones parlamentarias, autonómicas, regionales y municipales del país.

casos-corrupcion-espana-4--644x362Añadamos el más que probado saqueo, por parte de dichos políticos, cargos de confianza y funcionariado afín a unas siglas, arrasando las arcas públicas, perpetrando escandalosos despilfarros, nepotismo, prevaricación y todo tipo de corrupción mediante prácticas mafiosas por parte de las familias, castas y grupos de delincuencia organizada existentes alrededor del ámbito político o inherente a él; lo que llamaríamos el submundo de las fechorías institucionales… y ya tenemos el vivo retrato de lo que es España actualmente.

Así que procede que, con calma y sensatez, llegado la inminente cita electoral de junio nos paremos a observar cómo se manejan los candidatos a la presidencia del Gobierno y sus equipos de colaboradores más visibles.

Descubramos a los torpes, mastuerzos, zánganos, inútiles o lelos. Saquemos a la superficie a los que nos han engañado y nos siguen traicionando diariamente. No les votemos, aunque suponga una alta cota de abstención.

Digamos basta.