Fuentes del juicio del abogado

Si acaso doblares la vara de la justicia,

no sea con el peso de la dádiva,

sino con el de la misericordia

Don Quijote de la Mancha (II, XLII)

 

Importante es meditar y cuestionar el influjo de las ciencias, que se multiplican todos los días, en la del Derecho, que basándose en la prudente inteligencia humana, que fue hecha para la Verdad, afana ordenar a la sociedad. El progreso es orden y justa distribución, decían los positivistas acaudillados por Augusto Comte. El Estado es justo, enseñó Platón, cuando contribuye con su prudencia, que no es abstracta, sino fruto de personas, a la felicidad humana.

Pero no creamos que la sociedad, que incluye al Estado, está hecha para los fines egoístas de los individuos. Todo ciudadano debe ser parte social e individuo al mismo tiempo, es decir, debe ostentar una personalidad única, no alienada, y además responsabilidad por el prójimo. Siendo “yo”, siendo variado, dilatado, tolerante, humanista cabal, ayudo a que los otros, que no verán en mí un muro, sino espacio abierto, sean también lo que deben ser o son, recordando la sentencia de Píndaro. Sólo somos en la paz. La paz fue definida por San Agustín del modo siguiente: “el tranquilo convivir en el orden”. Cicerón, a su vez, dijo que el Derecho, que nació para amenguar los conflictos humanos, debe fundamentarse en la naturaleza humana.

Toda persona, no se olvide, tiene una naturaleza, esto es, un origen, dignidad, destino, dolores y un sitio en el cosmos, y se conforma de un cuerpo, de un espíritu y de una inteligencia. Sólo vive radicalmente, a lo humano, decía Ortega y Gasset, quien vive su propia vida, quien arrostra sus circunstancias con sus medios propios, quien no transfiere sus obligaciones a otros, quien acepta donosamente y con sensatez las responsabilidades que quiera o no debe cumplir. Es, nótese, el ser humano ente muy abigarrado, y por serlo debe ser enjuiciado por gente que entienda la complejidad de todo lo humano.

Nacemos, y al hacerlo nos encontramos con la familia, que nos inculca tales o cuales valores e ideales, herramientas mentales con las que nos movemos en la esfera de lo municipal, que es parte de una federación, que a su vez es parte de un Estado. ¿Acaso, luego de vislumbrar la raigambre en que existimos, puede juzgarse un delito por el delito mismo? Pensamos que no existen delitos “en sí”, delitos constituidos por sólo repetirse cinco o diez veces. El nominalisto del Derecho fija lo que no es fijo, sino mudable. ¿No es un delito o cualquier acto humano resultado de la fusión de nuestra conciencia y de nuestra voluntad, que no se profesan, por cierto, sin obstáculos, tales como las costumbres que señala la Historia, la teoría política que nos dirige, la concepción de la materia de la física en uso, las innovaciones tecnológicas y económicas con que se pretende lanzarnos a la riqueza? ¿No debe todo juez, o mejor dicho, todo individuo, conocer múltiples ciencias para saber dónde está, dónde vive y cómo podría vivir? ¿Hoy, que vivimos acosados por la tecnología, fenómeno que destruye al que no se sube a él, el ser humano se ha vuelto más irascible? ¿Y no es la irascibilidad fuente de accesos de furia y pasiones desordenadas?

¿Merece el mismo castigo el asesino de hace doscientos años, que posiblemente gozaba de más paz que nosotros, que el asesino de hoy, que además de ser ninguneado diariamente es explotado silenciosamente, estrujado por fuerzas invisibles, por él mismo, según explica el filósofo Byung-Chul Han?

Las normas jurídicas se distinguen de las morales o religiosas por emerger del Estado, por tener fuerza coactiva y por crear deberes y facultades, rasgos que nos acucian a hacer preguntas, creemos, filosóficas, o sea, transgresoras. ¿Representa el Estado los ideales que profeso? ¿Es suficiente la tolerancia de las normas estatales, es decir, toman en cuenta la manera en que hoy vivimos? ¿No querrían los sociólogos, que conocen bien las sociedades, que la tolerancia de las leyes fuese mayor?

Ciencias sociales y naturales deberán conformar el acervo cultural de todo ciudadano y de todo jurisconsulto, pues las fuentes del Derecho, por ser la Ley, el uso y la costumbre, la jurisprudencia y la doctrina, las exigen para poder expresar todo lo que tienen que expresar. La Biología, la Física, la Topografía, la Química, la Medicina, juntas, nos dan clara imagen de lo que es capaz un cuerpo en tal o cual condición, digamos, geográfica o climática. La Historia, la Política, la Antropología, por su parte, nos mostrarán cómo lo social, que puede o no emanar de lo físico, constituye conductas, mitos, leyendas y opiniones.

Es menester observar la división tradicional que de las ciencias se hace, porque al hacerlo distinguiremos ciencias que usan más juicios analíticos, unívocos, ciencias que usan más los sintéticos, equívocos, y otras que usan ambos tipos de juicios.

Dicen los taxonomistas que hay ciencias formales, como la  Matemática y la Lógica, y empíricas, como la Biología, la Física, la Historia y la Sociología. Las empíricas son sociales o naturales, y éstas, las naturales, son o físicas o biológicas. Química, Física, Geología, por ejemplo, son ciencias empíricas, naturales y físicas, y Anatomía y Botánica son empíricas, naturales y biológicas. Los conceptos con que trabaja nuestro entendimiento al estudiar ciencias formales son quietos, suficientes, estables, analíticos, como los de las ciencias empíricas, que laboran con cosas que siempre han sido, son y serán, como las piedras, las moléculas y las fuerzas físicas. Muy distintos son los conceptos de las ciencias sociales, que como diría Kant, no urden definiciones para observar lo espacial, como la topografía o las curvas del círculo, sino definiciones para tratar de aprehender lo temporal, como lo son revueltas políticas, revoluciones culturales, emigraciones, asesinatos y robos.

juicioPropone Martha Nussbaum que los jueces, para multiplicar su sensibilidad, para que conozcan culturas ajenas, para que padezcan lo que tal vez nunca padecerán, es decir, el racismo, el clasismo, el acoso, el ostracismo, etcétera, lean novelas, que son materiales preciosos que recogen de cualquier sociedad lo que los sociólogos no pueden, pues no son artistas, personas con sensibilidad superior. ¿Qué hay, por ejemplo, en una novela y no en un estudio sociológico? Modismos y acentos, por ejemplo, que son simbolismos, es decir, alegorías que contienen sentimientos que por ser fundamentales, básicos, no se ven con ojos hechos a lo inmóvil.

Toda novela, afirma Nussbaum, es tenida por libro vano, de entretenimiento, que distrae de los asuntos graves y fundamentales y que no sirve para solucionar problemas de fuste, problemas que sólo son entendidos por los que llevan en la cabeza el estoicismo, el psicologismo, el catolicismo o cualquier “ismo” bien visto por las clases dominantes. Dichos libros no llevan a sus lectores a vivir como “debe” vivirse, a vivir según los parámetros de bienestar dictados por el capitalismo. ¿Qué madre prudente querrá que su hija ponga su vida en manos de un poeta, ser que a duras penas tendrá dinero para comer? ¿Qué padre tolerará que su hijo, dedicándose a la poesía y a la filosofía, desdeñe los torbellinos del mundo y sea un apocado incapaz de allegar con grandes peculios finas camisas, calcetines tersos y adiamantadas joyas?

Los jueces temerán, es claro, que el juez lector de novelas deje de ver en el hurto un gravoso acto contra el público orden, o que la desobediencia civil sea tenida como algo natural y necesario para la humana felicidad. ¿Quién podrá mirar con ojos de cristal, imparciales, el asesinato amoroso luego de haber leído la “Divina Comedia”? ¿Quién no recordará al Quijote al sentenciar al loco que en plena calle suelta discursos incendiarios?

Es la literatura fruto de la sociedad, es decir, útil a las ciencias sociales, como el Derecho. Pero el Derecho, al ejercer su poder, hace de las personas entes “en sí”, entes no sociales. Lo que no es social es natural, y lo natural posee notas o predicados constantes.

Expliquémonos.

Muy distinta es la proposición “El hombre que asesinó huyó a Barataria” a la que dice “El asesino huyó a Barataria”. En la primera hay un hombre que es hombre y además es asesino y en la segunda sólo un asesino. La primera proposición es sintética, pues el matar no es propio ni define al hombre, en tanto la segunda es analítica y hace del hombre juzgado, en primer lugar, asesino, sean las que hayan sido sus intenciones al matar. El asesino fue asesino al asesinar, mas no lo fue antes ni lo será después. Un acto no determina toda nuestra vida. Hay crímenes atroces hechos por personas que no tienen sentimientos atroces y hechos maravillosos ejecutados por individuos que poco sienten. Matar con una pistola en los Estados Unidos de Norteamérica, donde es costumbre andar armados y saber usar las armas, mucho difiere del matar con pistola en México, donde casi no vemos armas en manos de ciudadanos.

Literatura, Historia, Sociología, Política, por ejemplo, transforman a todo acusado en un fenómeno, en una síntesis. Todo fenómeno, según Kant, depende del tiempo y del espacio, de los esquemas que todos poseemos “a priori” para allegar experiencias. Si nunca vemos la manzana completa, citando ejemplo de Ortega, ¡cuánto menos veremos un delito totalmente! Que seamos fenómenos y no entes “en sí” pide a las leyes ser más amplias, más dadas a la interpretación, pero también causa que poco a poco, casi imperceptiblemente, los delitos vayan siendo “normales”.

Acabamos nuestra meditación concluyendo que la mucha lectura de libros de Matemática o Lógica acaban formando geómetras de la moral, como Spinoza, al que bastaba sumar alegría, miedos y cualquier otro sentir para conocer la estructura de los hombres. También sostenemos que la excesiva lectura de tomos de ciencias naturales, como la Biología, transforma al ciudadano en ente meramente reactivo, predecible, lo que es inadmisible, pues la libertad es elemento de la vida humana. Tampoco conviene saturarse sólo de páginas de libros de ciencias sociales, que casi todo lo justifican volviéndolo “natural”, parte de los avatares de la Historia.

De los libros de ciencias formales, matemáticas, apréndase a ser metódico, teóricos, a contemplar lo inmutable, como lo es el Bien, la Verdad y la Bondad. En los libros de ciencias biológicas, muy versados en plantas, hormigas, peces, nos avezaremos a observar organismos donde parece haber caos, desorden. Y en los libros de sociales saberes, finalmente, sáquese la tolerancia y la intención de atinar, que siempre salva.