¿Le duele España?

He aquí una adaptación y adecuación libre de un excelente artículo de Paul Bernard, en el que con una simple extrapolación entre Francia y España se describe el problema nacional que nos angustia y la solución que la inmensa mayoría de nosotros, como nuestros vecinos del Norte, está demandando a los gobernantes y sus instrumentos políticos de administración del Estado.

Lea, estimado lector, con intensa receptividad lo que sigue.

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Me duele mi país

Los españoles tienen que poder confiar en un equipo de gobernantes impecables a quienes solo preocupe la salvación de la nación.

Todos los que han viajado por el mundo no dudan en decir que si tuvieran que elegir el país en que quieren vivir, España encabeza la lista, por varias razones.

Durante una larga historia de dos mil años, los españoles hemos asimilado gradualmente una civilización rica, apoyada por el orden romano, la filosofía inteligente de Atenas  y el humanismo cristiano; que junto con el amor a España –se llamara o no, aún, así- que demostraron los regímenes anteriores y sus élites monárquicas (las republicanas han sido efímeras y conflictivas) configuraron un imperio (económico, cultural, social) construido por los combatientes fuertes y comprometidos que arriesgaron sus vidas y su libertad.

Llevado por este impulso, nuestro pueblo ha sufrido derrotas o glorias sublimes, a través de las distintas crisis, revoluciones y experiencias políticas, pero siempre se ha caracterizado por su coraje su solidaridad.

España siempre ha sido admirada por las obras del espíritu, por la capacidad de hacer evolucionar paso a paso las libertades públicas, o por el desempeño de su genio. Los españoles somos apreciados por la calidad y riqueza de nuestra lengua, por la gentileza y por la comodidad y la elegancia de nuestros hábitos de vida.

Entonces. ¿Por qué, en la actualidad, España ha cambiado tanto hasta convertirse en el pinpanpún de los experimentos de ingeniería social, blanco de las críticas internacionales y diana de la invasión y la guerra islámica?

Los españoles estamos sumidos en una profunda depresión, y esta caída de tensión no ha hecho más que acelerarse y empeorar todos los días durante los últimos veinte años [desde la era ZP] frente a las decepciones de un espectáculo político ineficaz, corrupto y expoliador, estatal, autonómico, municipal o funcionarial. Del empresarial ‘posimato’ hablaremos otro día.

Así que en lugar de quejarnos es más importante reflexionar sobre las causas de esta tragedia nacional. Nuestras raíces en la tierra ancestral parece que no son suficientes para impedir que los principios de nuestras tradiciones y nuestras creencias espirituales sean violados y reemplazadas por la nada del vacío moral o la alienación de las mentes que ha provocado la tecnología digital y su uso como nuevo paradigma de relación social autista, individualista y vacua por superficial.

Rasguemos el velo de la hipocresía para condenar la traición de las élites, los políticos y demás poderes ebrios por el goce decadente y la falta de un esfuerzo carente de fundamento; y por la prepotencia llena de soberbia de los medios de comunicación que amplifican los comentarios complacientes con el estado actual de cosas y sus consecuencias.

La aparición de esta nueva barbarie interna nace de la papilla ideológica y por el metalenguaje maniqueo que solo admite mantener simbólicas y pobres guerras de guerrillas para rechazar el mestizaje (étnico, cultural y moral) y favorece el racismo antiespañol (europeo).

1408545732067Los españoles tienen la sensación y perciben dolorosamente el desprecio al que son sometidos por los líderes que eligen, que como de costumbre desgarran la confianza de los ciudadanos mediante el abuso manipulador de la comunicación (agitación y propaganda, monopolio de los Media), la diversión táctica (basura televisiva) y la memoria histórica unilateral y  conmemorativa; elementos tóxicos que provocan una mezcla explosiva de cansancio y enojo.

El barco ‘España’ deriva ciego entre los arrecifes y en función de los vientos de la manipulada opinión pública y las encuestas precocinadas, de manera que la discordia prevalece a bordo.

La tormenta desatada por la locura del terrorismo islámico por un flujo migratorio insoportable y plagado de peligros, junto con la angustia económica y financiera de las empresas, autónomos y trabajadores de España sigue creciendo y destruye las defensas inmunitarias de la nación.

imagesYa no es posible dejar la gestión del país a los líderes de los partidos sectarios, obsesionados con la exclusividad de su reelección, en oposición a los intereses de España. Debemos recuperar la senda de la civilización española y europea y nuestro orden parlamentario (de facto, una oportuna república coronada) y, sobre todo, ¡el patriotismo nacional!, puesto que a falta de esta prioridad, la guerra civil étnico-religiosa precipitará un desplome irreversible de nuestra sociedad, nuestros valores y nuestra integridad y seguridad personal y colectiva.

Necesitamos encontrar, elegir y confiar en un equipo de gobernantes impecables que solo se preocupen por la salvación de la nación; a semejanza de lo que los líderes mejores de la Historia, con el ejemplo del rey Luis XI de Francia, que siempre se presentaba como el “¡yo soy de Francia!”, derrochen amor, respeto y pasión por su identidad y sus compatriotas.

¿Alguien detecta semejante perfil y actitud entre los machos y hembras alfa estatales de la política? ¿No, verdad?

Por esto a muchos nos duele nuestro país.

Paul Bernard escribe en Boulevard Voltaire

Adaptación y adecuación de Pere Serrat