En recuerdo de los dos policías españoles caídos en Afganistán, asesinados por la barbarie yhadista y el odio

La ciudadanía que no tiene vínculos directos con las Fuerzas Armadas ni con el Cuerpo Nacional de Policía no sabe que sus integrantes, desde el empleo de soldado o agente al de oficial, junto con otros profesionales del cuerpo diplomático atienden embajadas y consulados en lugares remotos y conflictivos en los que entrar en combate o ser víctima de atentados insurgentes o terroristas es habitual.

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Patrulla conjunta policial, española-afgana

Miles de militares, ahora profesionales, entre ellos Guardias Civiles y Policías Nacionales han sido desplazados a países en los que existe un alto riesgo para su vidas, ya que no luchan contra ejércitos regulares bajo guerra declaradas y a expensas de las leyes de guerra de la Convención de Ginebra –que de alguna forma pone un cierto orden en la contención a la hora de elegir y atacar objetivos, acerca de cómo tratar prisioneros de guerra y demás particularidades de los conflictos bélicos.

Tampoco sabe la ciudadanía que nuestros hermanos destacados a esos lugares lo hacen por un motivo básicamente patriótico y de pundonor, ya que sus salarios únicamente aumentan algo para compensar las incomodidades y el alejamiento de la familia y las amistades. Por esta circunstancia, es muy triste enterarse de que una embajada en el culo del mundo [permítasenos esta licencia tan explícita, en este caso] y su edificio residencial anexo, una cochambre de la que los afganos cobran un alquiler a precio de oro (allí todo el mundo intenta sacar jugo al conflicto) ha sido atacada con toda la parafernalia del fanatismo islamista, o sea un coche bomba; cómo en otras ocasiones se usa un cinturón explosivo agregado a un suicida, bombas trampa, cualquier otro ataque con armas de fuego, un machete (para degollar), una jaula para sumergir o quemar viva a la gente u otros métodos que indican con quién nos las tenemos, si no es que además deberíamos plantearnos qué narices pintamos en esos territorios hostiles… ¿entrenar a su policía? Digamos que sí, para no enfadarnos. Porque además:

Una dotación de diez agentes del CNP vigilando una embajada en tiempo de guerra, que se supone que se han de turnar para poder dormir y librar algún día, lo que convierte los turnos en grupos de tres policías de servicio in situ en un entorno en beligerancia… ¡es insuficiente! ¡Si hay más guardias de seguridad en una planta de El Corte Inglés durante las rebajas!

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Los policías Isidro Gabino y Jorge García

Así que los fallecimientos en acto de servicio de nuestros héroes Isidro Gabino San Martín Hernández Jorge García Tudela (D.E.P.) ha sido un shock para los españoles, ya que aunque estamos acostumbrados a los pasados cuarenta años de plomo de ETA y a nuestra dosis periódica de atentados de raíz islamista, la sensación de tristeza por la muerte de conciudadanos en un extraño lugar que NUNCA apaciguará Occidente es más demoledora si cabe que otros actos violentos similares.

 

Por esta causa, ha sido emocionante y extremadamente patriótico contemplar el Funeral por ambas víctimas, con la asistencia de los Reyes de España, el presidente del Gobierno y el Ministro del Interior, el director general de la Policía y otros representantes de la sociedad política, militar, policial o ciudadana… Albert Rivera y Pablo Iglesias incluidos.

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El acto que ha sido revestido de una marcialidad exquisita [la Policía Nacional no es un cuerpo militar] y un orden cerrado impecable ha contado con tres momentos sutiles que nos deberían hacer recordar que los policías (y la Guardia Civil o los tres Ejércitos y sus extensiones) ‘son de los nuestros’, sensación que se ha acrecentado al visualizar y escuchar por primera vez que en un acto de este calado simbólico no han sonado himnos militares (que podrían haberse escuchado sin problema alguno) sino tres piezas musicales adecuadas y mágicas para honrar a los caídos en nuestro nombre.

Además de la emotiva ‘La muerte no es el final’, coreada por los asistentes, dado que se ha convertido en el leit motiv de despedida cuándo por desgracia se dice adiós a víctimas uniformadas muertas en combate, ha sido estremecedora la voz de tenor de un agente de la Policía Nacional entonando en latín la Ave María de Schubert, a la que sucedió al poco rato, e hizo vibrar a los presentes y a los espectadores de TV, una versión por el mismo cantante, en alemán, de  la Serenata, también de Schubert; todo, en conjunto, una muestra de sensibilidad civil que nos ha de unir más como pueblo, como Nación, como Estado y como Patria.

AgfanistanPor esto no ha de extrañar y ser valorado como un paso hacia delante ante las dudas que alguien pueda tener sobre nuestro papel en ente macabro juego del choque de civilizaciones vía Islam frente al resto de las demás –que de eso se trata, aunque no lo quieran decir-, que el arzobispo castrense Juan del Río, que ha oficiado la misa y el funeral, en suma haya condenado sin paliativos y con duras palabras que “El terrorismo yihadista es una blasfemia contra Dios y contra la libertad; un mal diabólico que hace daño a sus propias creencias“.  Que es absolutamente verdad, por si queda alguien entre nosotros que excusa a los asesinos que matan en nombre de una pretendida alianza de civilizaciones o de una ‘buena’ religión y un libro que todos deberíamos leer una vez para conocer de qué va, mientras somos conscientes de que el texto original se mantiene igual, pero son las interpretaciones posteriores las que han transformado el conjunto repetitivo de las 114 suras (capítulos) en frases sueltas sin apenas valor filosófico… en un manual de muerte y destrucción.

En honor a Isidro y Jorge, para que descansen en paz; si el Lector desea saber o recordar las piezas interpretadas, aquí están:

“La muerte no es el final”, canción compuesta por el sacerdote español Cesáreo Gabaráin Azurmendi, (1936-1991), aquí interpretada por Fiorella Berrios con el Coro Cantaré: PULSE AQUÍ

“Ave Maria” de Franz Schubert, cantada por Luciano Pavarotti: PULSE AQUÍ

“Serenata” de Franz Schubert, por  Christopher Maltman:  PULSE AQUÍ