Las causas de la Revolución Francesa del Siglo XVIII y su similar semejanza con lo que sucede en España

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Ante todo, al leer el lema original de la Revolución Francesa, en la que además de las tres palabras tótem por todos conocidas de ‘Libertad, Igualdad y Fraternidad’, que constan cómo fetiches de la Masonería francesa (Gran Oriente de Francia),  de la Declaración de los Derechos Humanos y de la Constitución de EE.UU., o la de, entre otras, la de Haití –y es algo poco conocido- se exhibe en primer lugar un inequívoco y potente mensaje: ‘La indisolubilidad de la República’, quedando la divisa de esta contundente forma: La République une et indivisible – Liberté, Égalité, Fraternité ou la mort. Un elemento que explica el porqué ni ETA ni los secesionistas catalanes se atreven a toserle al Estado francés en materia de, no ya, exigencias sino de simples insinuaciones respecto a veleidades independentistas en tierra de Francia.

Seguimos.

Explorando datos por la Red, para constituir el corpus de un trabajo base de una conferencia a impartir, hallé las causas que se dan cómo factores de ignición de la Revolución Francesa, que se inició con la autoproclamación del Tercer Estado como Asamblea Nacional en 1789 y finalizó con el golpe de estado de Napoleón Bonaparte en 1799.

Asombra contemplar que el caldo de cultivo de aquella sangrienta insurrección popular que guillotinó tantas cabezas, a la vez que sentaba las bases de un nuevo paradigma de poder político ‘más’ en manos de la población, se reproduce en la actualidad casi en su totalidad.

Solamente que el Lector agudice un poco su imaginación para asociar ideas contemplará un escenario lleno de casuísticas en las que los abusos, la corrupción y la injusticia aparecen comunes en ambas épocas, aún salvando las diferencias que el progreso vegetativo de la calidad de vida y los avances tecnológicos han producido un estadio de felicidad ‘soma’ en los seres humanos del primer mundo, nosotros entre ellos.

Fíjese, fíjese…

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El Tercer Estado cargando al Primer y al Segundo Estado

Partamos de la base que en términos generales fueron varios los factores que influyeron en la Revolución Francesa, sobre todo el que corresponde a que el Tercer Estado (la plebe) cargaba sobre sus hombros al funcionariado y a los poderes fácticos de la época (clero, ejército…, o Segundo Estado), que a su vez, ambos, mantenían a la nobleza y el entorno cortesano que la rodeaba, o sea, el Primer estado, sobre todo el representado por un régimen monárquico que sucumbiría ante su propia rigidez en el contexto de un mundo cambiante, y que, tras varios intentos de adoptar y aplicar sin éxito medidas destinadas a atajar la crisis política y económica (del pueblo), capituló ante la violenta reacción de la aristocracia (la nobleza y el alto clero) que aferrada a sus privilegios feudales bloqueaba todas las reformas estructurales (de Machault, de Maupeou, de Turgot) que se intentaban implantar desde la Corte.

A esta disfunción entre esas dos altísimas clases sociales se interpuso además el auge de una clase burguesa nacida siglos atrás, que ya había alcanzado un gran poder en el terreno económico y que ahora empezaba a propugnarse en el ámbito del político. Su riqueza y su cultura la había elevado al primer puesto en la sociedad, posición que estaba en contradicción con la existencia de los antes citados estamentos privilegiados, la nobleza y el clero.

Jacques_Bertaux_-_Prise_du_palais_des_Tuileries_-_1793En este contexto de tensiones entre las clases ricas y poderosas apareció el fenómeno de la exasperación de las clases populares urbanas y del campesinado, empobrecidos por la subida de los precios –en particular de los cereales y del pan, base de la alimentación— y por el incremento continuo de los impuestos y derechos señoriales y reales. El diezmo que cobraba el clero, apenas servía para mantener el culto y socorrer a los pobres. El campesinado se rebelaba además contra los que detentaban la propiedad de los derechos y servidumbres feudales (recogidos en los llamados «libros terriers»), que les parecían abusivos e injustos, ya que lo eran.

Con toda esta coyuntura concurrió la expansión de las nuevas ideas ilustradas, que no era más que el, hasta entonces inexistente, derecho a que la plebe accediera al conocimiento que le permitiría liberarse intelectual, cultural y técnica o laboralmente del yugo esclavista y la inopia mental a la que era sometida dentro de un universo feudal, autoritario y cruel por parte del Poder establecido.

Como fuera que la intensa regresión económica y las crisis agrícolas cíclicas (la que estalló en 1788 fue la más violenta de todo el siglo XVIII) agravadas por las malas cosechas en los años que precedieron a la Revolución empobrecieron hasta el límite a las clases campesinas más desfavorecidas, a la vez que sus interpares urbanitas morían de enfermedad y de hambre como ratas en las ciudades, el embrión de un desquite o de una algarada violenta estaba en su punto álgido.

capitoliowashintonEncima apareció la quiebra financiera provocada por los vicios del sistema fiscal, la mala percepción y la desigualdad de los impuestos, más los gastos de la Corte, y los costes de las guerras y sus graves problemas hacendísticos causados por el apoyo militar a la guerra de Independencia de los Estados Unidos (en la que Francia y su masonería tuvieron un gran papel inspirador, coorganizador y logístico-militar). Por ello, esta intervención militar se convertiría en un arma de doble filo, pues pese a ganar Francia la guerra contra Gran Bretaña y resarcirse así de la anterior derrota en la guerra de los Siete Años, la hacienda gala quedó en bancarrota y con una importante deuda externa, de forma que los problemas fiscales de la monarquía, junto al ejemplo de democracia del nuevo Estado emancipado (EE.UU.) precipitaron los acontecimiento: La revolución.

Abonado el terreno, desde el punto de vista político, fueron fundamentales las ideas expuestas por VoltaireRousseauDiderot o Montesquieu (como por ejemplo, los conceptos de libertad política, de fraternidad y de igualdad, o de rechazo a una sociedad dividida, o las nuevas teorías políticas sobre la separación de poderes del Estado); magma emocional que rompió el prestigio de las instituciones del Antiguo Régimen y que ayudó a su desmoronamiento.

Habida cuenta de que además, desde el punto de vista económico, la inmanejable deuda del Estado fue exacerbada por un sistema de extrema desigualdad social y de altos impuestos que los estamentos privilegiadosnobleza y clero no tenían obligación de pagar, pero que sí pagaba el resto de la sociedad, se produjo un aumento de los gastos del Estado simultáneo a un descenso de la producción agraria de terratenientes y campesinos, lo que produjo una grave escasez de alimentos en los meses precedentes a la Revolución, de forma que las tensiones, tanto sociales como políticas, mucho tiempo contenidas, se desataron, ya en una gran crisis económica a consecuencia de los dos hechos puntuales señalados: la colaboración interesada de Francia con la causa de la independencia estadounidense (que ocasionó un gigantesco déficit fiscal) y el aumento de los impuestos a los precios agrícolas que arruinó al campesinado y al comercio concerniente (entonces, un 75% de la población activa).

Con todo este panorama y la sensación de hartazgo al límite, el conjunto de la población mostraba un resentimiento generalizado dirigido hacia los privilegios de los nobles y del alto clero, que mantenían Hinrichtung_Ludwig_des_XVIsu dominio sobre la vida pública impidiendo que accediera a ella una pujante clase profesional y comerciante, así que el ejemplo del proceso revolucionario estadounidense abrió los horizontes de cambio político que se plasmó en la Revolución Francesa que paso a paso dibujó una serie de nuevos fenómenos organizativos populares desde el momento ‘cero’ de la Asamblea Constituyente hasta la Toma de la Bastilla del 14 de julio de 1789, durante la que Luis XIV se dedicó a cañonear a sus, todavía súbditos de los barrios obreros, hasta que estos asaltaron la fortaleza y mataron a su gobernador, cortándole la cabeza y colgándola de una pica para escarnio popular –costumbre que siguió empleándose durante mucho tiempo más cada vez que se decapitaba a alguien; algo muy común en la época-.

Así, la Revolución se fue extendiendo por ciudades y pueblos, creándose nuevos ayuntamientos que no reconocían otra autoridad que la Asamblea Nacional Constituyente, a la vez que la insurrección motivada por el descontento popular seguía extendiéndose por toda Francia, sobre todo en las zonas rurales en las que para protestar contra los privilegios señoriales, se llevaron a cabo actos de quema de títulos sobre servidumbres, derechos feudales y propiedad de tierras, mientras que eran atacados castillos y palacios. Esta tremebunda insurrección agraria se conoció como La Grande Peur (el Gran Miedo).

Como colofón a esta vertiente revolucionaria agraria, la noche del 4 de agosto de 1789, la Asamblea Constituyente, poniéndose al frente de los nuevos acontecimientos, suprimió por ley las servidumbres personales; en concreto la abolición del feudalismo, los diezmos y las injusticias señoriales, instaurando la igualdad ante el impuesto, ante las penas, a la vez que se liberaba el acceso a cargos 220px-Cocarde_tricolore.svgpúblicos. De esta forma, en cuestión de horas, los nobles y el clero perdieron sus privilegios: El curso de los acontecimientos estaba ya marcado, si bien la implantación del nuevo modelo no se hizo efectiva hasta 1793. El rey, junto con sus seguidores militares, retrocedió al menos por el momento. Lafayette tomó el mando de la Guardia Nacional de París y Jean-Sylvain Bailly, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, fue nombrado nuevo alcalde de París. El rey visitó París el 27 de julio y aceptó la escarapela tricolor -¡símbolo de la República!

Sin embargo, después de estos actos de violencia, los nobles, no muy seguros del rumbo que tomaría la reconciliación temporal entre el rey y el pueblo, comenzaron a salir del país, algunos con la intención de fomentar una guerra civil en Francia y de llevar a las naciones europeas a respaldar al rey. Éstos fueron conocidos como los ‘emigrados’.

Mientras tanto, la revolución se enfrentó duramente contra la Iglesia Católica que pasó a depender del Estado. En 1790 se eliminó la autoridad de la Iglesia de imponer impuestos sobre las cosechas, se eliminaron también los privilegios del clero y se confiscaron sus bienes. Bajo el Antiguo Régimen la Iglesia era el mayor terrateniente del país. Más tarde se promulgó una legislación que convirtió al clero en empleados del Estado. Estos fueron unos años de dura represión para el clero, siendo comunes la prisión y masacre de sacerdotes en toda Francia. El Concordato de 1801 entre la Asamblea y la Iglesia finalizó este proceso y se establecieron normas de convivencia que se mantuvieron vigentes hasta el 11 de diciembre de 1905, cuando la Tercera República sentenció la separación definitiva entre la Iglesia y el Estado. Hasta el viejo calendario gregoriano, propio de la religión católica fue anulado en favor de un «calendario republicano» y una nueva era que establecía como su primer día el 22 de septiembre de 1792.

Como es de suponer, salvadas las distancias temporales y otros detalles de la Historia y la época, es harto evidente que algunas trazas de aquel problema se reproducen en la actualidad en España. Para que se puede meditar sobre ello y entendiendo que el Lector de SELECTO*DIGITAL está más que capacitado para extrapolar y comparar hechos y semejanzas, hemos subrayado las palabras clave que invitan a expresar ¡oh, mira, igual que…!, a la vez que hemos abundado algo más de lo habitual del ‘copy and paste’ para que el texto pudiera lucir los siempre estimulantes enlaces ‘Wiki’, en azul, que enlazan con las referencias esenciales que aparecen en la narración, para su mayor comprensión o recordatorio.

No es por nada. Pero así el artículo tiene más enjundia.