Al final Manuel Valls se da cuenta de que la inmigración extracomunitaria afroasiática, masiva y descontrolada es inasumible

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Algo apartado de su obediencia masónica y lo que ésta le obliga en materia de implantación de la mundialización e interculturalidad en Francia, Manuel Valls, primer ministro vecino, empieza a mostrarse inquieto ante lo que le ha caído encima con el fenómeno de la inmigración islámica y su mutación hacia el islamismo radical y el terrorismo, asuntos que son fruto de, precisamente, la primera premisa aludida.

Después de su declaración pública en diversos medios de que “Europa ya no puede acoger más refugiados”, se desdijo y aclaró que la expresión exacta fue: “Europa debe decir que ya no puede acoger tantos migrantes, no es posible”; lo que es una solemne estupidez si se usa para rebatir la primera afirmación, pues significa lo mismo.

A ver. Aunque la siempre acéfala Amnistía Internacional se queja de que se endurezcan las políticas europeas para los solicitantes de asilo (ergo, y de entre ellos, los terroristas)  desde que sucedieron los atentados de París, el mensaje de dicha organización es que “las medidas de emergencia deben proteger a la población sin pisotear los derechos humanos”, algo a lo que nadie que sea civilizado y que esté en su sano juicio objetará.

Pero lo que sucede es que tanto el PSF de Hollande como Les Republicains (nueva marca de la antes UMP) de Sarkozy comprueban con pánico cómo la ciudadanía autóctona francesa-francesa se ha hartado de la hipocresía del bipartidismo que gobierna el Hexágono desde que el general De Gaulle dejó la presidencia de la nación, a la vez que le asquea que una sociedad tan bien definida como la gala haya sido contaminada culturalmente y ocupada o substituida  demográficamente, y desde hace un tiempo atacada por hordas terroristas de un solo origen religioso y geográfico: musulmanes y africanos.

9cc4b294-4739-11e4-_776554cY comprueban con pánico este estado de cosas al saber que además el Front National siempre ‘acordonado sanitariamente’, estigmatizado socialmente  e ignorado o despreciado políticamente por el resto de los partidos; ahora en manos de Marine Le Pen, atrae a más de un tercio de los votantes –y más que sumaría si dispusiera de los medios de los demás- y está en primer lugar en la lista de preferencias de las clases medias francesas activas o jubiladas de la empresa privada o funcionarial, que son las que de verdad hacen rodar un país y engrasan sus engranajes de transmisión de energía, conocimiento, cohesión social y patriotismo bien entendido.

Por ello, en esta línea de hipocresía endémica de Valls y las instrucciones que da, recientemente, la portavoz del Partido Socialista criticó abiertamente a Nicolas Sarkozy por su obsesión desbocada contra el partido identitario y patriota –que algunos tildan bellacamente de ultra- , al proponer éste el estatus de ‘refugiados de guerra para los actuales solicitantes de asilo que llegan principalmente desde Siria. La siempre tan campante izquierda socialista reprochó este planteamiento, porque conlleva que los cientos de miles de desamparados refugiados tuvieran que regresar a su tierra una vez terminada la guerra, al contrario de lo que ocurre con un refugiado político. O sea que los que llegan se los han de comer con patatas los franceses de por vida. ¿Estamos todos locos?

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Orando ante la mezquita de París; la calle es suya

Además de manipular las palabras y las mentes de la ciudadanía habitualmente, Valls no puede reprimir definir al fenómeno islamista, ¡cómo no!, de “islamo-fascismo”, regodeándose en la visión sesgada que uniría la ideología de Mussolini a la religión musulmana. Ya saben, puro ‘reductio ad Hitlerum’ (en este caso, ‘ad Mussolonium’) Más adelante, Valls también perdió el norte [para los  parámetros socialistas] al mentar –con toda razón- el término tabú que la izquierda no quiere asumir: “Guerra de civilizaciones”, una expresión que empleó Valls en una entrevista en junio pasado cuando le preguntaron sobre el riesgo terrorista en Francia y contestó. “No podemos perder esta guerra, porque en el fondo es una guerra de civilizaciones. Es nuestra sociedad, nuestra civilización y los valores que defendemos”.

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París, periferia inaccesible

Europa vive la mayor presión migratoria de la Historia, un fenómeno que está a punto de estallar. De ahí que incluso, el primer ministro francés, en una entrevista al diario alemán Süddeutsche Zeitung, de Alemania, haya exigido a los exiliados que pidan asilo en el primer país de la Unión Europea que alcancen… y no en el suyo. ¡Impresionante y solidario como pocos!, ya que la libre circulación de extracomunitarios por territorio Schengen no puede ser neutralizada por vallas, controles, confusión, e incapacidad para retornar a los migrantes a sus orígenes, al tratarse de una invasión en toda la regla de millones de personas que no aportan nada y nos causan desasosiego, inseguridad y demasiado a menudo… auténtico pánico.

Para terminar, aunque en España tenemos experiencia en la gestión de fronteras, no disponemos ni de los recursos ni las ideas suficientes y eficientes para gestionar la presión migratoria en nuestro territorio, en que las fuerzas de seguridad están condicionadas y cohibidas a no emplear métodos expeditivos (que no violentos) para reprimir los actos ilegales (luego delitos) de personas que entran en nuestro país y permanecen en él de manera prohibida, y que además, en un 95% de los casos, han de dedicarse a actividades perseguibles de oficio por la Policía y juzgadas y penadas por la Ley.

No olvidemos que en 2014 se repitieron en España los fenómenos inmigratorios de años precedentes, aunque algo menos intensos, puesto que el número de extranjeros disminuyó en 230.000… ¡porque 206.000 accedieron a la nacionalidad española!; otra sinvergüencería del sistema que permite que nuestra personalidad e identidad como nación con una historia y unos valores se diluya en el magma de una proporción excesiva de extranjeros ajenos a nuestro paradigma convivencial y moral que se equiparan a todos los efectos a nuestras generaciones de familias y a nuestra comunidad de lícitos intereses y estado de bienestar ganado a pulso con el trabajo y la buena voluntad de generaciones de nuestros a antepasados y de nosotros  mismos y nuestros descendientes.

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¿Europeos?

O sea que antes o después, pero en breve, a pesar del universo de la extrema izquierda que quiere abrir puertas y conceder la residencia automática e incluso la nacionalidad en breve plazo a todo aquel que llegue a España, los políticos españoles se darán cuenta de que la gran mayoría de la población española-española no aceptará por más tiempo este abuso de confianza y ese peligro que supone admitir a tanta gente de la que no se conoce absolutamente nada y que pueden huir de sus países de origen con las manos manchadas de sangre y, potencialmente, dispuesta a volver a manchárselas en cuánto comprueben lo blandas, laxas y estúpidas que son nuestras leyes de extranjería y las órdenes impuestas ‘desde arriba’ que solo promueven la pasividad policial y judicial en esta materia; tal como sucede en Francia, Bélgica, Suecia, Alemania y el Reino Unido con sus banlieues, guetos y demás infraestructuras marginales para cada colectivo no comunitario, lugares a menudo inaccesibles para las fuerzas de seguridad, y microclima endogámico y vivero de criminalidad y fanatismo religioso.

Que sí. El día en que un partido nazca o uno existente se transforme y defienda esta parcela de la seguridad y el bienestar de los españoles; el día en que dejen de medrar los politicastros que hasta ahora han permitido semejante desmán y tanta estulticia contra la ciudadanía autóctona, hoy por hoy desprotegida y angustiada por lo que ve por nuestras calles y plazas al respecto, esos días cambiarán las cosas para bien. Es cuestión de que algunos movamos ficha y desenmascaremos a los que nos han arrastrado hasta esta situación y tienen encargado que no salgamos de ella.