¿Qué pintan en la Real Academia Española ocho judíos para meter términos del ladino o judeoespañol en el Diccionario?

 

 

Efectivamente, es tanto el poder que detentan que se permiten imponer a la Real Academia la entrada del ladino, judeoespañol o djudezmo, que fue el idioma que se hablaba por parte de las comunidades judías habitantes de la Península Ibérica hasta 1492, por los llamados sefardíes. Esta lengua, aunque derivada del castellano medieval, presenta también rasgos en diferentes proporciones de otras hablas peninsulares y mediterráneas. Al ser una lengua judía, contiene una aportación de hebreo con influencia del turco o del griego o el francés, principalmente, dependiendo del entorno. Además, el judeoespañol contemporáneo contiene una cantidad notable de vocablos ajenos a la raíz latina, por influencia de la Alianza Israelita Universal asentada en ciudades como Salónica, Estambul y Esmirna.

262ladinoSin embargo, a efectos académicos, el judeoespañol, es solo un residuo lingüístico sin valor alguno, excepto a escala de estudios filológicos o históricos, o por simpatías personales, motivo por el que no es normal que se incorpore como aportación externa a la siempre valiosa y noble Real Academia Española, que está ahí y pagamos entre todos para que limpie, fije y dé esplendor a nuestra lengua, que no para que la desmonte hasta quinientos años atrás; lo cuál no es el caso de las adiciones o actualizaciones de términos o voces vivas procedentes de América, en dónde se habla el castellano con sus peculiaridades semánticas, sintácticas y fonéticas dinámicas y de forma oficial en casi todos los países excepto en Brasil o en EE.UU. (en dónde es casi cooficial) o Canadá; algo que ha proporcionado la energía creativa y artística que todos conocemos en el ámbito de la Literatura, a menudo harto reconocida y galardonada en todo el mundo.

Para situarse bien, léase con curiosidad y detenimiento el diccionario Ladino-Español y valórese el inexistente interés de las aportaciones potenciales de esos arcaísmos,a  veces grotescos, a nuestro idioma actual: PULSE AQUÍ PARA ASOMBRARSE

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Ruiz Gallardón, a la izquierda

El línea con esta temática, como que hace un par de años Israel consiguió que el Estado español (etapa del ministro de Justicia Ruiz Gallardón, claro) se aviniese a “conceder la nacionalidad española a los actuales judíos que ‘prueben’ que son descendientes de los judíos sefarditas que salieron de España como consecuencia del edicto de expulsión de 1492, y que tengan una especial vinculación afectiva [sic] con nuestro país”; en el paquete de medidas adoptadas por España, se consideró que si “quien adquiere la nacionalidad es de ascendencia sefardí y nacional de algún país iberoamericano, Andorra, Filipinas, Guinea Ecuatorial o Portugal, no debe renunciar a su nacionalidad anterior, pudiendo mantener ambas nacionalidades. Por el contrario, si el solicitante es de ascendencia sefardí, pero no ostenta la nacionalidad de alguno de los países anteriormente citados, debe renunciar a su nacionalidad anterior”.

1403186350_237773_1403188219_noticia_normalPero lo más flagrante y alejado de todo principio de rigor y equidad llega al observar detenidamente quién y qué garantiza la condición de ‘descendiente de judío’ y bajo que parámetros de comprobación. Se trata de la expedición de un Certificado de la Federación de Comunidades Judías de España (¿quiénes son y qué autoridad formal tienen?) que acredite la condición de sefardí del interesado. Es más, otra de las opciones para poder demostrarlo es el certificado de origen ¡del apellido(*)! emitido por alguna autoridad rabínica y el consulado español de otro país, para corroborar el origen sefardí del nombre familiar, algo a lo que ayuda mostrar algún vínculo con el país ibérico, aunque sea una documentación de 1492 o de antes, una llave de un portalón de una casa de Toledo o cualquier anclaje que certifique dicha relación.

Finalmente, sin ningún ruido ni luz ni taquígrafos, el pasado 1º de octubre de 2015 entró en vigor la Ley, que al amparo del “artículo 149.1.2.ª de la Constitución Española en lo relativo a nacionalidad. Disposición final sexta. Entrada en vigor”,  firmada por el rey Felipe VI, manda a todos los españoles, particulares y autoridades, que guarden y hagan guardar dicha ley [12/2015, BOE 7054, de Madrid, 24 de junio de 2015].   Véase el pastel entero PULSE AQUÍ

balon-oxigeno-3En esta línea, tal cómo informa la propia RAE, por primera vez en la historia de la Real Academia Española (RAE), el judeoespañol  estará representado oficialmente a través de dichos ocho académicos correspondientes, motivo por el que es más que factible que se añadan al léxico homologado del DRAE palabras que, aunque existieran en su día, han desaparecido y sido substituidas o compensadas por otras. Contaminación pura que, una vez más, intenta diluir la esencia de nuestra identidad… ‘por tierra, mar y aire’.

La RAE, inexplicablemente, toma así en consideración la importancia de mantener vivo el judeoespañol, lengua semi ‘muerta’ hablada por un ínfima parte dispersa de las comunidades judías descendientes de hebreos que vivieron en la península ibérica hasta su expulsión en 1492, conocidos desde entonces como sefardíes.

El judeoespañol, que incluye las variedades lingüísticas habladas y escritas por las comunidades sefardíes extendidas en distintas zonas del mundo, aparece denominado también como ladino, término usado en castellano medieval y recientemente adoptado en Israel para referirse a la lengua de los sefardíes, especialmente la de los del Mediterráneo oriental.

a12-720x340Para tal fin, para estar presentes en la RAE, han sido elegidos los siguientes estudiosos e investigadores de la cultura sefardí, residentes en distintas zonas de influencia del judeoespañol, que como se puede ver, para repartir juego, proceden de Israel (seis de ocho); ni un hispanoamericano (habiendo casi cuatrocientos millones de ellos):

Aldina Quintana, Israel

David Monson Bunis, Israel

Eleazar Gutwirth, Israel

Moisés Orfali, Israel

Ora R. Schwarzwald, Israel

Laura Minervini, Italia

Beatrice Schmid, Suiza

Jacob Luis Bentolila, Israel

El procedimiento para la presentación y aceptación de esas candidaturas de correspondientes extranjeros se ajustó a lo establecido para los académicos de número según el artículo x de los estatutos de la RAE, que establece que las candidaturas de nuevos miembros de la corporación deben estar avaladas por tres académicos… ¡y hay cincuenta y seis!

En fin, nos han colado otro gol; y van…

 

 

Nacionalidad-española-a-los-Judíos-Sefardíes(*) Eche un ojeada a los 5.520 apellidos  PULSE AQUÍ que se consideran judíos sefardíes, por tanto susceptibles de recuperar la ‘españolidad’ perdida si es acompañada por el certificado de alguna autoridad rabínica, lo que permitirá conseguir la nacionalidad española y todas las ventajas y derechos inherentes a ella.  Nótese que entre dichos apellidos hay un altísimo porcentaje de los más extendidos en nuestra nación y la América latina… ¡¡¡si hasta está García!!!… el apedillazo por excelencia de España; algo que hace sospechar que la patraña se ha configurado para diluir apellidos inequívocamente judíos, a la vez que se hace dudar a los ‘López o Martínez’ et alii  (que también son nombres judíos según la lista de marras) sobre su origen para que empaticen con esta jugada de la nacionalización masiva que se supone que pueden llegar a solicitar entre medio millón a tres millones de personas (de momento ya hay trescientas mil discretas solicitudes realizadas) que prefieran vivir en nuestra tierra o viajar por el mundo cómo españoles, pues algunos pasaportes cuentan con menor fortaleza y ascendente ante terceros, por hostilidad o por simpatías personales.