La fuente de la información política que recibimos la hemos de elegir cuidadosamente

 

 

Alimentar las neuronas a través de los Media es una forma actualizada de leer y aprender; al igual que lo fue años ha tragarse El Quijote, Guerra y Paz, o leer a Mark Twain o a Gracián; o es hasta ahora mismo leer periódicos y revistas de papel.

Sin embargo, la inmediatez de la noticia y la poderosa herramienta televisiva con sus imágenes, o la radiofónica con la calidez de la palabra, es altamente sugestiva y adictiva.

Pero volviendo a la letra impresa, en bits o átomos, sucede que de entre el tremendo surtido de cabeceras en papel o digitales, son esos últimos, los artefactos basados en Internet, las redes sociales y las TIC, los que se llevan el gato al agua, dado que aúnan pensamiento, crítica, conocimiento y entretenimiento listo para que el público lo visualice y lo aprehenda dónde y cuando quiera y en tiempo casi real y con toda la fuerza del hipertexto y los enlaces.

De ahí  que el usuario que ya ha apostado por el ‘nohacefaltapapel’ de cualquier procedencia noble y fiable, deba estructurar un cierto orden y concierto a la hora de leer la información que emanan los Media en pantalla, santiguándose para que no le cuelen goles y protegiéndose para que no lo manipulen o le escondan información factual, veraz y bien elaborada.

De esta forma, se está configurando un nuevo paradigma periodístico en el que prima la interacción del lector con el medio, sea vía ‘megusta’, retuits, smileys, ‘compartir’, comentarios personales –en el fondo ‘cartas al director’ de nuevo cuño– o blogs de los usuarios (subscriptores o no) que así ejercen un estimulante y vivo periodismo colaborativo y voluntario; algo que en conjunto supone un juicio continuo por parte del cliente-lector, que ejerce y que ayuda a ponderar la calidad de los contenidos y la bondad y oportunidad de su publicación.
Por esto mismo, según se habite en, y simpatice con, una u otra sensibilidad ideológica o cultural, el ciudadano proactivo, curioso y de cabeza bien amueblada debería planificar qué escucha o ve desde que se despierta hasta que se duerme (que no se levanta y se  acuesta); mecánica que pasa por el protocolo de elegir algo dinámico en radio, informativos resumen (en bucle) en TV, periódicos digitales llegados al buzón del correo electrónico, medie suscripción de pago o no… siempre por la vía práctica de lectura rápida que permita detectar titulares y temáticas de interés y ahondar en ellos según sea la disponibilidad de tiempo.

La excelencia en esta materia se alcanza cuándo el usuario es capaz de recrearse con la información que se aproxima a sus valores y circula por similares parámetros de interés… y a la vez es capaz de meter la nariz en los medios adversos, incompatibles u hostiles con el propio pensamiento e interés personal.

De ahí que sea una experiencia gratificante y estimulante escuchar la mala baba de Jiménez Losantos y su mini sermón de las seis; y volver a oírlo a las 7 hasta que ya ha quemados los cartuchos del día ya empiezan las tertulias posteriores, cuando hay rejoneo del bueno [Pedro J. y Luis Herrero, los lunes, por ejemplo]; o hacer lo propio con un poco de Carlos Herrera en la cadena de los curas; y lo sea desayunarse con nuestro boletín de solamente un artículo en SELECTO*DIGITAL, o con los boletines de Boulevard Voltaire, El Español, OK Diario, El Confidencial Digital, El Manifiesto o (en territorio comanche) Dolça Catalunya o Crónica Global; todos ellos puro alimento para la mente.

Como lo es observar de cerca el brutal sesgo sectario de Al Rojo Vivo, El Intermedio, el magma propagandista del planeta Roures, el submundo integrista de Televisió de Catalunya (TV3), el del holding de La Vanguardia, del conde monárquico y [¡todavía!] Grande de España que se ha vendido al independentismo catalán para poder lamer subvenciones y publicidad institucional a cambio de pregonar la buenanueva de la insurrección… del golpe  de Estado, en suma; ahora que ya no consigue las páginas y páginas de anuncios de demandas de empleo o los de prostitución que publicaba.

Es, por tanto, saludable y recomendable mantener la mente abierta para procesar bien la metainformación, la información, las ‘entrelíneas’ y los mensajes subliminales, de manera que cada vez que abramos la boca o tecleemos para expresar nuestra opinión espontánea o elaborada, pagada o ad honorem, lo hagamos con el cerebro ejercitado y bien dotado de datos y opiniones de terceros que nuestro sentido común nos dicta que merecen credibilidad y que, por lo que cuentan, se han esforzado en comprometerse aflorando problemas, sugiriendo soluciones y desenmascarando a los sinvergüenzas que podemos considerar enemigos del Pueblo, para que éste actúe en consecuencia… que es de lo que se trata.