El inteligente detalle de que el Estado haya ‘condicionado’ la presencia de los Mossos d’Esquadra – Policia de Catalunya en esta fase de la intervención contra el desaguisado actual

Seamos asertivos y claros: Nadie deseaba que, llegado el momento -ahora empieza- pudieran coincidir unidades de la policía autonómica catalana (y la policía municipal) en los mismos espacios y actuaciones en los que o la Guardia Civil o la Policía Nacional (con sus extensiones de servicios de inteligencia y cuerpos especializados, tipo UDEF) estaba de servicio por orden de la Justicia y las leyes vigentes.

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Sí. En el domicilio de Jordi Pujol i Soley. ¡Nunca visto!

Alguien debió ‘aconsejar’ a los altos mandos de los Mossos d’Esquadra – Policia de Catalunya (y a los de la Guardia Urbana barcelonesa o demás ‘ponemultas’ del resto de la Cataluña profunda) para que estén tranquilos, quietos y atentos a los procedimientos legales del Estado que se llevan y se llevarán a cabo para neutralizar de una vez por todas los tres frentes abiertos en la comunidad autónoma catalana.  A saber: 1) el deleznable nivel de corrupción y rapiña que emana de la dinastía Pujol, su familia y sus cómplices inmediatos; 2) la descomposición que envuelve con su atmósfera hedionda al submundo de Convergència Democràtica de Catalunya, CDC; y 3) el inaceptable, en cualquier país del Planeta, órdago hostil y traidor a favor de la independencia de Cataluña respecto a España, que rompe toda las reglas del juego y es fruto de una manipulación integrista de nuevas generaciones adiestradas en madrasas (públicas o subvencionas) controladas por la Generalidad y su fanatismo inculcado en las mentes de la población adulta que si es muy mayor llegó incluso a vivir la Guerra Civil Española el bando frentepopulista perdedor (ergo, venganza); si es solo mayor la gris ¡para todos! Postguerra; si es madura el desarrollismo de los 60’s y 70’s… y si es más joven ya ha catado aún no se ha puesto al día de la espeluznante realidad de la miseria y la substitución demográfica a la que la envía el ‘sistema’, ahora y en el futuro; problema crucial al que deberían prestar todos la máxima atención en lugar de abrevar en pozos de aguas cenagosas mientras recitan los mantras de ‘madritensroba’, ‘ensvolenaxaifar’ y demás eslóganes de agitprop bolchevique cocinadoa en los obradores de azulejos arlequinados.

Sí. En las recentísimas operaciones policiales y judiciales para terminar con la soberbia pujoliana y poner en cintura a la tribu que ha esquilmado Cataluña, y España por extensión, no se ha visualizado ni un único ‘mosso’, ni de uniforme ni de paisano… ni de cartón piedra; contando con que es dicho cuerpo el que tenía encomendada la protección de Jordi Pujol i Soley, ex presidente de la Generalidad y padre del cenagal. Para entendernos: les han indicado que ni pestañeen, y así ha sido.    Si no fuera de esta manera, seriamente, pensemos que se hubiera podido crear una situación de enfrentamiento verbal, físico o violento entre agentes de la Seguridad del Estado [los Mossos d’Esquadra lo son, sin duda alguna], unos por obedecer la Ley y los otros por someterse a los dictados autoritarios de una calaña heterogénea de delincuentes y traidores al Estado, o lo que es lo mismo… a enemigos de la población española y entre ella a la que reside y es oficialmente catalana de nacimiento o adopción.

En consecuencia, podríamos colegir que el extraño y calmo comportamiento de Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de España, es fruto de algo más que un pretendido carácter ‘gallego’. No. Detrás de sus no provocativas respuestas a cada paso de la escalada insurrecta y revolucionaria –dejando los casos de corrupción Artur-Oriol-Junqueras_ECDIMA20140911_0019_3interna del PP, que no llegan ni de lejos a los de CDC y el pujolamen– puede haber un ejercicio muy inteligente de contención y de medición de tiempos, ya que es tanta la inmundicia a higienizar en Cataluña bajo la égida de Artur Mas [que recibirá de lo lindo por su parte alícuota de ‘liechensteins’ de turno], que una reacción atolondrada o visceral hubiera fomentado potenciales altercados y disturbios callejeros para apoyar a los ‘mártires’, que la desvergüenza mental de la masa asocia a todo lo que le conviene: desde la patraña de 1714 al consejo de guerra de Lluís Companys [que montó otro aquelarre similar]; desde el caso Banca Catalana (con Jordi Pujol de actor principal) a las corrupciones de la mafia convergente (Prenafeta, Alavedra, Millet, Casinos…); de la banda organizada para delinquir de los vástagos Pujol y sus padres a las connivencias, complicidades y demás (más que) presuntos delitos de Artur Mas, o quizás de Albert Trias, o de otros prohombres –es un decir- que con la excusa de la bandera y la ‘patria’ se han dedicado a arruinarnos.

Bienvenido sea ver uniformes policiales de la Policía Nacional y de la Guardia Civil, y saber que los Jueces actúan en libertad para que los tramposos depredadores paguen sus culpas, los revolucionarios de raíz comunista sean interceptados, el empresariado posimatero sea investigado y fiscalizado –blanqueo, evasión, financiación ilegal- y la Prensa vendida sea desenmascarada y no pueda publicar 6 'octubrejamás una cabecera ni un diario en papel ni on line.  A ver, para entendernos, los Mossos, que se sepa, no estaban por la labor de tocar los cataplines a sus amos jerárquicos, de ahí que tuvieran su propio lumpen independentista sometido a las fuerzas vivas y poderes fácticos de la Generalidad convergente.

Empezamos a ir bien. Se rebotarán los ‘malos’, pero aquí estamos y están los ‘buenos. Ojalá que si sucede todo se trate de un simple intento, y esperamos que así sea. Pero por si acaso: nuestro Séptimo de Caballería ha llegado… algo tarde, pero al fin.