La traidora fundación Nous Catalans es opaca al Tribunal de Cuentas de España

 

 

La sirvenguencería de la ‘Sinvergüenza Democrática de Cataluña’ de origen pujolero, ahora en manos de Artur Mas, no tiene parangón. No contentos con su integrismo avasallador en el ámbito de la enseñanza escolar para alienar las conciencias de las nuevas generaciones de ciudadanos en contra de todo resquicio de aprecio y respeto a España, además, en paralelo, también se trabaja la inmigración extracomunitaria, sobre todo afroasiática y a poder ser musulmana, de manera que Cataluña disponga de mano de obra barata, sumisa y refractaria a lo español, factor imposible de inculcar a la inmigración iberoamericana que con su dominio nativo del idioma español no necesita reconversiones lingüísticas ni emocionales a favor de una nueva ‘madre patria’ que no es tal.

Nous Catalans es el nombre del engendro (fundación) que con el soporte y la financiación explícita de la Generalidad de Cataluña y CatDem (nido de corrupción receptor de comisiones y demás frutos de la mafia independentista pujolera) se ha dedicado en los últimos diez años a adiestrar a magrebís, paquistanís, bangladeshianos, indios, sirks, subsaharianos, sahelianos y demás ‘sirios y troyanos’ (nunca más oportuno lo de los sirios) para que abracen el totalitarismo secesionista catalán y llegado el momento lo voten en cada cita electoral, habida cuenta de que se trata de un colectivo de cerca de un millón de personas, si añadimos otros ‘nous catalans’ provenientes del Este de Europa anteriormente bajo la bota de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, de tan infausta memoria.

Nous Catalans, que cuenta con recursos inmensos para ejercer su papel de madrasa, está presidida por el corrupto Àngel Colom i Colom, siniestro personaje que ya salió pringado de un caso de delito económico relacionado co su etapa al frente del Partit Independentista, el PI, un fracasado artefacto (no consiguió ni un escaño) que se inventó, presidió y compartió con, ¡oh no!, Pilar Rahola, que recibió donaciones del Palau de la Música Catalana, a su vez, otro pozo de podredumbre y extorsiones empresariales que controlaba uno de los ladrones más señeros del territorio: Félix Millet; sí, el que le cobró al consuegro la mitad de la boda de los hijos de ambos, que él había pagado con recursos del Palau –o sea, destinados a fines culturales musicales-.

El tal Colom, ex seminarista, ¡cómo no!, a sueldo de la Generalidad de Cataluña, estuvo destacado en Marruecos a título de delegado (una especie de Mus sparembajadorcillo) para ‘arreglar’ en origen la expansión de las migraciones marroquís a Cataluña, comunidad de, ahora ya, 355.000 personas, que el  nacionalismo catalán declaraba inicialmente non grata por incompatible con el mantenimiento de la identidad catalana, como puntualizaron Marta Ferrusola,  Jordi Pujol o Heribert Barrera (presidente del Parlamento Catalán –de ERC) en el primer lustro de este siglo/milenio,  con perlas tales cómo que “la inmigración plantea un problema de identidad” (J. Pujol, 2004), que “pronto habrá más mezquitas que Iglesias en Cataluña” (M. Ferrusola, 2001)  o que “si continúan las corrientes migratorias actuales Cataluña desaparecerá” (Heribert Barrera, 2001), un tipo de queja que no se había escuchado en boca de dirigentes políticos en ninguna otra parte de España, hasta la aparición de la Plataforma per Catalunya.

Pero algo sucedió, ya que a partir de 2006 y hasta ahora se pasó de esta precaución a un extraño cortejo en aras de no se sabe bien qué tipo de estrategia, aunque se intuya que se pretendía lograr una substitución demográfica de la masa de catalanes de origen o con raíces en el resto de España por esos ‘nous catalans’  a los que se ha intentado convencer de que saldrían ganando en una Cataluña independiente, y que “ser catalán” requiere sumarse a la causa soberanista; maniobra que ha obligado a prestar un fervor asistencial exagerado (sanidad pública, escuelas, ayudas económicas para alimentos, alquileres, etc.) a costa del erario público y en detrimento de los ya esquilmados recursos que deberían haberse destinado a proteger y cuidar a la ciudadanía autóctona, muy a menudo desprotegida y bordeando la miseria y la indigencia.  ¡Si hasta a los marroquíes se les ofrece ahora, a través del plan Marruecos 2014-2017, clases de tamazigh y árabe para los estudiantes en horario lectivo, y se otorga a la vez prerrogativas al gobierno marroquí sobre la enseñanza de la religión musulmana en Cataluña!

De la misma forma, con idéntica filosofía de substituir ‘españoles’ y latinoamericanos por  gente proveniente de los países antes referenciados, Nous Catalans sigue activa y enredando para cambiar el mix étnico y religioso –ergo cultural e identitario filoespañol- por el de seres humanos susceptibles de asirse al clavo ardiente del secesionismo catalán, a cambio del plato de lentejas de las onerosas ayudas directas y facilidades y exenciones tributarias para montar chiringuitos de toda índole, a menudo de misteriosa rentabilidad, cómo son los miles de locutorios, tiendas de telefonía ‘seliberanmóviles’, donner kebabs, fruterías, bares, clanes de taxistas (gran enigma), peluquerías a ‘cinco euros el corte’ y demás anormalidades comerciales.

Pues bien. Además de todo el magma de fenómenos absurdos que conlleva esa cuasi invasión, dado que a los 325.000 referenciados magrebís se han de sumar otros 500.000 extracomunitarios no americanos y 250.000 comunitarios ‘especiales’ procedentes de Rumania, Bulgaria y otros países de la zona, sean bosnios, albano-kosovares o gitanos (rom) nómadas de origen incierto, es imprescindible aflorar que la fundación Nous Catalans ha sido ocultada al Tribunal de Cuentas. O sea: oficialmente no existe ante el Estado español.

Para darse buena cuenta del alcance de este nuevo escándalo, felizmente destapado por el comprometido periódico digital OKDiario, valga reproducir exactamente el esencial artículo de investigación periodística que ha publicado dicho medio bajo la firma de Francisco Mercado.

Léase con atención y con una pinza de colgar la ropa tapando la nariz:

 

 

 

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CDC ocultó su fundación Nous Catalans al Tribunal

El partido presidido por Artur Mas nunca informó de su existencia pese a que estaba obligado por ley y que la fundación y Convergència tenían el mismo tesorero, el ahora encarcelado Andreu Viloca.

La Fundación de CDC Nous Catalans no existía para el Tribunal de Cuentas, que nunca pudo fiscalizarla por la sencilla razón de que la formación presidida por Artur Mas jamás informó de su existencia al organismo que controla la contabilidad de los partidos políticos. La fundación y CDC compartían tesorero, el ahora encarcelado Andreu Viloca, pero el Tribunal de Cuentas lo ignora todo de Nous Catalans. Nada sabe de sus ingresos y pagos. La fundación ha recibido donaciones, gran parte de las cuales, como en el caso de Catdem y Fórum, acabaron en las arcas de CDC según la investigación judicial. Un desvío de dinero que permitió al partido de Mas ingresar 25 millones de euros procedentes de comisiones ilegales.

El Tribunal de Cuentas ha fiscalizado año tras año la contabilidad de Catdem y Fórum, que oficialmente recibieron más de 11 millones de donativos del 3%, desviando más de siete a las arcas de CDC a través de consultorías falsas.

Pero el organismo no pudo ejercer ningún control sobre los ingresos y pagos de Nous Catalans al no informarle CDC de su existencia, a pesar de que la ley obliga a los partidos a consignar al Tribunal de Cuentas toda fundación con la que tenga algún vínculo. Y CDC ocultó su existencia pese a que Nous Catalans tiene un logo de Convergència, otro de Catdem y un anunció de la Generalitat. Y, por si fuera poco, el mismo tesorero que CDC y que las otras fundaciones vinculadas al partido. Su web dice que tiene un laboratorio de radio y una consultoría pero no vierte sus cuentas.

Paradójicamente, la Sindicatura de Comptes, el Tribunal de Cuentas catalán, sí sabía de su relación con CDC, pero sólo emitió leves reproches sobre su contabilidad. Que entregaba cuentas fuera de plazo, que no tenía informe de auditoría, que no publicaba sus cuentas en la web, que su contabilidad no se ajustaba a lo establecido por la Generalitat. El informe accesible no detalla sus cuentas, a diferencia de lo que hace su hermano mayor en Madrid.

Naderías con respecto a lo que manifestaba en esos años el Tribunal de Cuentas estatal: había detectado un flujo continuo de dinero desde las fundaciones que presentaba indicios de financiación irregular de CDC.Su denuncia se basaba en que pese a solicitar reiteradamente comprobación de tales pagos, CDC, es decir cualquiera de los tesoreros ya detenidos, se limitaban a enviarle meras “notas internas” para justificar los abonos. Pero nada que sirviera para probar que lo abonado correspondía a servicios reales prestados.

Ni Daniel Osàcar ni Andreu Viloca le dieron tal documentación al Tribunal de Cuentas, por eso denunció por escrito, año a año desde 2007, que esta mecánica de pagos podía encubrir un  mecanismo perfecto para ocultar el trasvase de donaciones ilegales al partido.Ilegales porque procedían de contratistas de la administración convergente, ilegales por su cuantía, e ilegales porque se ocultaban tras la pantalla de las fundaciones. Esta operativa para los investigadores tiene un nombre penal: cohecho y blanqueo de capitales.

Los independentistas ven otra cosa. Mientras que Anticorrupción busca erradicar una vía de generar sobrecostes en obras que se desvían a un partido ilegalmente como comisiones, los seguidores convergentes ven en estas detenciones las “primeras víctimas del proceso” independentista.

En consecuencia, Viloca no es un presunto delincuente que pide, controla y reparte comisiones. No, es un patriota. Nous Catalans lo resume así en su web: “Estamos contigo, patriota Andreu Viloca”.

El respaldo del PP nunca llegó tan lejos con Bárcenas. “Luis sé fuerte”, en la intimidad de los sms de Rajoy; o “confiamos en su inocencia”. Pero patriota, no le llamaron.