¿Es España un país de izquierdas o de derechas? ¿Y usted?

 

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Si nos basamos en los resultados de todas las elecciones desde 1975, resulta evidente que nuestro país está configurado por una mitad de habitantes con derecho a votar que piensan en términos de ‘izquierda’ y otras mitad que lo hace en los de ‘derecha’, aunque haya muchas cabezas pensantes que hablan de transversalidad [las mismas que emplean ‘gobernanza’ y demás palabrejas para darse lustre] y de que esa diferenciación sociológica ha dejado de existir; cuando no es así ni de lejos.

350px-4_sistemasNuestra sociedad está perfectamente estratificada en capas superpuestas que retienen unos valores como referencia a la hora de decidir por quién votar; valores que les vienen impuestos por las experiencias propias heredadas o adquiridas y por el nivel intelectual y de conocimiento que les permite discernir a partir de datos, información fiable y reflexiones especulativas bien estructuradas y mejor resueltas. Así no es de extrañar que en una familia de desempleados o de empleados de cuello azul o trabajo poco cualificado y peor remunerado, en ámbito rural o urbano, todos sus miembros mantengan su querencia por la llamada efectuada desde los partidos de raíz marxista, sea socialdemócrata, izquierda-izquierda o extrema izquierda radical y revolucionaria; de la misma forma que de un clan familiar pequeño burgués, de industriales, comerciantes o de empleados de cuello blanco o profesionales liberales se tienda más a simpatizar con formaciones políticas tradicionales, conservadoras y amantes del orden establecido, lo que los ubica en el voto del ‘centro’ o en siglas que representen el universo demócrata cristiano, el liberalismo económico o alguna opción que orbite a caballo de esas creencias y paradigmas económicos y culturales… ergo ‘la derecha’.

En este contexto, el mismo planteamiento que se visualiza a escala estatal, se repite en la media docena de autonomías con más población o personalidad regional: Cataluña, País Vasco, Galicia…. y Madrid, junto a Andalucía y quizás Valencia. El modelo es el mismo: derecha – centro – izquierda, con las derivadas y marcas locales estructurales o coyunturales que el sistema lanza a la palestra para ocupar o tapar nichos de mercado electoral que quedan desasistidos por los dos grandes partidos estatales, PP y PSOE o por los dos partidos nacionalistas de más implantación local, se llamen PNV o CiU (ahora dividida en dos, y subtroceada en no se sabe cuantos restos del naufragio pujolista comandado desastrosamente por Artur Mas que lleva a todos hacia el desastre).

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Albert Rivera, presidente de Ciudadanos

De ahí que sea normal que hayan aparecido con fuerza dos nuevos recambios alternativos, aunque debería haber un tercero más en liza para que la concurrencia estuviera proporcionada, ya que, exactamente, el pastel se lo reparte la evolución de la extrema izquierda comunista (en su día PCE/IU o PSUC/ICV), después de haber vivido acogida a todo tipo de alianzas alimenticias con los socialistas, con ERC o con quién conviniese para no perder el plato de lentejas y unos cuantos cargos o poltronas de tronío, pero que al final ha sido fagocitada por Podemos y sus coaliciones temporales electorales (como Barcelona en Comú y sus fotocopias en otras ciudades y pueblos); la izquierda del socialismo del PSOE y sus franquicias territoriales; la derecha del Partido Popular (y la del cadáver de CiU)… y la gran esperanza blanca de centro, Ciudadanos, que puede acoger y retener a toda la masa de ‘indecisos’, de absentistas y de rebotados-cabreados con la inepcia, la corrupción o el engaño sistemático que supuran el PP, el PS y CIU [milagrosamente, los vascos, aparte de su etapa de plomo y sangre previa, parece que están a salvo de tanto hedor a putrefacción, expolio y latrocinio perpetrado por políticos, altos y medianos funcionarios y cómplices de la sociedad civil: empresarios, profesionales liberales y directivos que se han robado durante décadas hasta dejar depauperadas nuestras arcas y devastada la confianza del Pueblo en sus gobernantes].

Barómetro Sigma Dos – Mediaset, mayo 2015

Quizás se diga que votar a un partido indefinido ideológicamente es perder el tiempo; incluso es probable que alguien tilde a C’s de producto prefabricado por la derecha y el poder económico, empresarial y militar para disponer de un espacio al que pueda ir el voto del descontento y el de la buena gente que no desea que España siga discurriendo por la senda de la provocación secesionista y del intercambio continuo de golpes bajos entre los gobiernos y sus principales opositores; sin que se escape a posiciones extremistas a diestra o siniestra.

Por este motivo, es harto elocuente constatar que Podemos va en caída libre, que PP y PSOE recuperan terreno -van empatados en segundo lugar- y que Ciudadanos sube a un honroso cuarto puesto (IU se mete dónde la dejan medrar), pero con la perspectiva de que llegado el momento, Albert Rivera y sus listas podrían recibir muchos votos de hastiados del PP o del PS o de CiU, llegando incluso a batirse cara a cara con las huestes de Rajoy, Sánchez e Iglesias, puesto que la oferta de este último ya ha tocado techo y no recibirá ni un voto más de nadie de talante moderado (el 60% de la población española).

El busto de Juan Carlos I arrancado del pedestal principal del Ayuntamiento barcelonés

De esta manera, concluyamos con que vamos a sufrir, habida cuenta de la cercanía de las elecciones en Cataluña que serán de vértigo si los resultados arrojan un nuevo éxito del crucigrama expósito monitorizado por Podemos, como ya pasó con el de Ada Colau que está sentada en el sillonazo de alcaldesa dando bandadas y alterando todo tipo de estabilidad institucional y funcionarial con sus decisiones atolondradas y provocaciones revanchistas; fenómeno que a escala estatal puede reproducirse si el clan podemita llega a La Moncloa.

Por esto es tan importante dejarse de cuentos y pararse a pensar si se es de izquierdas, centro o derechas y votar en consecuencia. Esto es lo que cuenta únicamente para no dejarse enredar por los cantos de sirena y camuflajes mil que se han establecido para no llamar a nada por su nombre. Porque, a falta de un partido que se coloque a la diestra del PP en materia de patriotismo, inmigración, seguridad, Politica Ideologias Politicas Derecha Izquierdareformulación de la U.E. y vertebración sensata de la unidad de España; quizás Vox, como partido de tercera posición similar al Front National francés, que si existiese se llevaría de calle a la mitad de los que votan a Podemos, dado que la única forma de estabilizar este país es apostando por modelos que funcionan en todo el mundo civilizado y dejarse de aventuras inflamables con chavistas proiranís y tramposillos mil, ahora que todavía, apenas han catado poder y presupuesto.

Eso sí, pasando por la piedra, ejemplarmente, a los pujoles, bárcenas, ratos, serras, sumarrocas, griñanes, cháveses y demás fauna que haya sido pillada en delitos que nos han arruinado y causan tanta alarma social y desasosiego. Porque… que sepamos, todavía están en libertad y no han devuelto ni un duro de sus depredaciones económicas.

Para añadir más perspectiva a este asunto, valga echar una ojeada a esta otra visión de Santiago Armesilla, licenciado y doctor en Ciencias políticas, y profesor e investigador miembro del Departamento de Economía y Medio Ambiente y Ciencias Políticas y Sociales y profesor colaborador del Departamento de Economía Aplicada V de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid; o sea, potencial simpatizante de Podemos, al ser sus líderes colegas de claustro. Armesilla defiende una posición complementaria a la del artículo, aunque difiera del argumento general que planteamos (por ejmplo, que Podemos se enclava en la socialdemocracia… o que no es extrema-izquierda. ¡Glubbs!

Pero como que en SELECTO*DIGITAL somos abiertos de mente, ahí va dicho texto.

Ni Podemos es un partido político de “extrema izquierda”, ni Vox es un partido político de “extrema derecha”. Lo que funciona a nivel político estratégico o propagandístico no se sostiene a nivel analítico, pues ambas adjetivaciones son más míticas en sentido oscurantista que aclaratorias.

En el imaginario político español, esa cosa que algunos llaman “opinión pública” (que no existe, como dijo Bourdieu), se piensa que Vox es un partido de “extrema derecha”, también desde el PP. Y dicen que lo es porque defiende el centralismo administrativo de las competencias del Estado, sobre todo en materia de sanidad, educación y otras. Pero esto no convierte en Vox en extrema derecha, ni tampoco en derecha. Es más, el centralismo ha sido tradicionalmente defendido por las izquierdas jacobina, liberal, socialdemócrata, comunista (centralismo democrático), maoísta, y también de algunos populistas, sin ningún problema. Entonces, ¿qué hace a Vox, si algo los hace, de “extrema derecha”? ¿La defensa de la Constitución de 1978, del Estado de las Autonomías, de la Unión Europea y de la OTAN? Pues ahí defienden lo mismo que PP, PSOE, UPyD o Ciudadanos. ¿El no al aborto? El Frente Nacional francés, tercerposionisita, es pro-abortista. ¿Entonces el qué? Solo una cosa: la “opinión pública” (o publicada, como diría Rafaél Correa) del imaginario político español del presente. Hoy la extrema derecha realmente existente en España, dejando aparte partidos tercerposicionistas como la Plataforma por Cataluña (antes de Anglada), España 2000 o los que tiraron gases lacrimógenos a la librería Blanquerna en Madrid, está en el separatismo: CiU, PNV, Bildu-Sortu-Amaiur, CUP, ERC, CUT-BAI, Na-Bai, IzCa, Compromìs, etc., a pesar de su discurso democratista e incluso “izquierdista” son la verdadera extrema derecha española debido a su nacionalismo étnico-lingüístico, los privilegios por cuestión de censo que haría que sobre la unidad de España solo pudiesen decidir en plebiscito los censados en municipios de regiones con imaginados “derechos históricos” sobre el común de todos los españoles, y su racismo hispanófobo tamizado de relativismo cultural identitario.

Pero el imaginario de la opinión pública española los sitúa en una “extrema derecha” que no les corresponde (aunque tampoco les correspondería la “izquierda”, pues ahora mismo “izquierda” y “derecha” a nivel de partidos políticos no aclaran posiciones, sino que más bien las oscurecen), como sitúa a Podemos en la “extrema izquierda” cosa que tampoco es cierta. Podemos sabe que si no se gana a la amplia mayoría de la población española, que es democratista sobre todo, y dentro de esa población con un alto porcentaje de gente interesada en “lo social” (no socialista salvo para votar al PSOE) y más o menos liberal en sus costumbres, jamás conseguirán lo que pretenden. Eso, aunque para Podemos suponga una necesidad estratégica para, supuestamente una vez en el poder, anunciar la construcción del socialismo (como hizo Chávez en Venezuela, que antes de ganar en 1998 se definía no como socialista sino como “humanista”, o como Castro hizo en Cuba que no comenzó definiéndose como comunista incluso con la Revolución ya triunfante), que les sitúa en la socialdemocracia, que es la ideología aún bastante difusa mayoritaria en el espectro político español. Ideología socialdemócrata que influye casi a todos los partidos del espectro político español, aún no definiéndose así.

En cualquier caso, ni Podemos es “extrema izquierda”, ni Vox es “extrema derecha”. Ni siquiera ahora puede conocerse a los partidos políticos y sus ideologías por sus programas, sino por un análisis de sus programas políticos desde unas coordenadas filosófico-políticas que aclaren de verdad qué son y de dónde vienen, si es que ello es posible.

http://www.armesilla.org/